Bibliografía del artículo de Manuel Ocaña citado
notas cordobesas
Notas de la ciudad de Córdoba y otras cosas.
viernes, 17 de julio de 2026
EL GUIÑO DE VELAZQUEZ BOSCO A LOS BORBONES Y AL MINISTRO DE TURNO EN LA EPIGRAFÍA DE LA PUERTA DEL ESPIRITU SANTO Y DE SAN IDELFONSO DE LA MEZQUITA
Bibliografía del artículo de Manuel Ocaña citado
jueves, 16 de julio de 2026
TÉRMINOS GEOGRÁFICOS ANDALUSIES
Plano de Córdoba en el siglo X
Observamos como los árabes
denominaban al‑Sarquiyya (الشرقية), la parte oriental de la
ciudad, Axerquía castellanizado. En Córdoba existía la Medina,
ciudad propiamente dicha y la Axerquía. La parte occidental y sus
barrios se denominaban como al-Gharbiyya (الغربية), fonéticamente en castellano
sería (no estoy seguro pues no sé árabe) Agarbía, parte occidental,
pero esté término no lo encontramos en fuentes actuales. Se usaba en la
toponímia andalusí.
La parte septentrional o norte, era señalada como al‑Shamāliyya (الشمالية) Asamalía. Y el sur al‑Janūbiyya (الجنوبية), meridional, que podría decirse castellanizado Ajanubía. Aunque estos términos aparecen con menos frecuencia en las fuentes modernas, es la forma árabe regular para designar puntos cardinales. Otra cosa, repito es la castellanización particular que yo le doy.
Por lo tanto:
|
Dirección |
Árabe
andalusí |
Caracteres
árabes |
Castellano |
Castellano
actual |
|
Este |
al‑Sarquiyya |
(الشرقية) |
Axerquía |
oriental
/ este |
|
Oeste |
al‑Gharbiyya |
(الغربية) |
Agarabía |
occidental
/ oeste |
|
Norte |
al‑Shamāliyya |
(الشمالية) |
Asamalía |
norte |
|
Sur |
al‑Janūbiyya |
(الجنوبية) |
Ajanubía |
sur |
No deja de ser una curiosidad personal, pero he tenido siempre un interés por conocer los otros términos. Sirva el presente para estimular la investigación del lector/ra y que alguien que domine el idioma árabe nos castellanice los términos que faltan, cuando menos fonéticamente. Los términos castellanizados son una licencia que me he tomado yo. Los nombres en caracteres árabes son copiados de Internet, no tengo la seguridad de que sean correctos.
miércoles, 15 de julio de 2026
DIBUJOS DE LA MEZQUITA-CATEDRAL DE CÓRDOBA VIAJEROS Y ARTISTAS EN LA PRIMERA MITAD DEL SIGLO XIX, DE ANTONIO GAMIZ GORDO.
Refleja el autor en las notas al margen que un cronista llamado Al-Razi (888-955), redactó la primera geografía del Al-Andalus. También Al-Idrisi (1099-1166), fue el autor de una geografía universal que tenía incorporado el mejor mapa musulmán conservado. El trabajo lo terminó en Sicilia por encargo de Roger I. Cita, como no podía ser de otra manera, a Anton Van de Wyngaerde (1563-1567), que estudió Richard Kagan en 1986. Se refiera también a la Civitatis Orbis Terrarum (1562-1617). Después cita a BALDI, Pier María, acompañante de Cosme de Medici, futuro Duque de la Toscana. Cita un plano de planta de la Mezquita de Córdoba, encargo de Pedro de Salazar y Góngora en 1741. Y otros trabajos dirigidos por José de Hermosin (1766-1767), publicados entre 1787 y 1804.
A raíz de estos trabajos se sucedieron las innumerables visitas de los románticos y menos románticos. El primero de ellos que cita es Covis Joseph Alexandre de LABORDE (1773-1842). Publicaron dos tomos y en el segundo 21 láminas dedicadas a Córdoba. MURPHY, James Cavanas (1750-1813), “Las antigüedades árabes de Córdoba” 1813. Con diez láminas dedicadas a Córdoba. Louis Albert BACLER D’ABLE (1750-1813) Militar experto en cartografía. Isidore Justin Severin TAYLOR (1789-1879), militar. Vino a Córdoba en 1820. Hizo dieciséis vistas de Córdoba, en 1835 realizó dos más, una vista del puente y otra del patio de los Naranjos. FORD, Richard (1796-1858), estuvo tres días en Córdoba, dibujó dos vistas urbanas de la Mezquita, otra del meandro del Guadalquivir y del puente. Uno de los dibujos de la Mezquita es atribuido a su esposa Harriet Ford. John Frederick LEWIS (1804-1876) hizo dos litografías del interior de la Mezquita en 1835.
David ROBERTS (1796-1864), realizó varias acuarelas y dos óleos sobre el Mihrab, otra litografía y tres grabados de la Mezquita. Philibert Girault de PRANGEY (1804-1893), realizó dos vistas urbanas, puente y una portada exterior, además de ocho láminas de interiores. Nicolás CHAPUY (1790-1858), visitó España entre 1832 y 1833, empleó el daguerrotipo en la Capilla de Villaviciosa y en el interior de la Mezquita. VILLAAMIL, Jenaro Pérez, (1807-1854), una vista de la Mezquita con intervención del litógrafo Jules Arnout. Eduard GERHARDT, (1813-1888), realizó dos vistas del interior de la Mezquita. Alfred GUESDON (1808-1876) la polémica panorámica con muchos detales de Córdoba. Parece que para realizar sus trabajos empleaba fotografías tomadas desde un globo aerostático. Sin embargo, en el dibujo sobre Córdoba en 1853, no dibuja las macsuras del Mihrab, y es una incógnita muy importante. Pero todo lo expuesto está mejor detallado en el trabajo de Antonio Gamiz.
Descarga del PDF, Dibujos de las Mezquita-Catedral de Córdoba Viajeros y artistas en la primera mitad del siglo XIX, de Antonio Gamiz Gordo.
“BIOGRAFÍA DEL AUTOR
Antonio Gámiz Gordo, doctor arquitecto, es profesor titular del departamento de Expresión Gráfica Arquitectónica de la Escuela Técnica Superior de Arquitectura de Sevilla e investigador responsable del grupo “HUM-976. Expregráfica. Lugar, arquitectura y dibujo”. Realizó su tesis doctoral sobre imágenes de la Alhambra de Granada (1998) en distintas escalas (territorio, ciudad y formas arquitectónicas) a lo largo de la historia. Es autor de medio centenar de publicaciones científicas, en gran parte dedicadas a imágenes de arquitectura, paisaje y ciudades históricas en distintas épocas.
CURRÍCULUM
La mezquita-catedral de Córdoba fue dibujada en la primera mitad del siglo XIX por destacados artistas y viajeros que producen un conjunto de imágenes muy diversas antes del auge de la fotografía como registro documental. Algunas son muy bellas y gozaron de una notable difusión en el contexto cultural europeo, aunque en general han sido poco estudiadas considerando las transformaciones del monumento y su percepción visual. Tras mencionar algunos antecedentes gráficos hasta el siglo XIX, se aportan referencias de una docena de autores de vistas, valorando brevemente su precisión o fiabilidad documental, según orden cronológico:
Laborde (1812), Murphy (1813), Bacler d'Able (do.1820), Taylor (1826-1832), Ford (1831), Lewis (1832-1836), Prangey (1832-1837), Roberts (1833-1837), Chapuy (do.1842), Villaamil (1842-1850), Gerhardt (1850-1851) y Guesdon (1853).”
Bibliografía del trabajo de Antonio Gamiz Gordo “Dibujos de las Mezquita-Catedral de Córdoba Viajeros y artistas en la primera mitad del siglo XIX”
sábado, 11 de julio de 2026
NECROLÓGICA DE JUAN ANTONIO SOUTO LASALA
Arabista, historiador y arqueólogo, perteneció a esa generación de jóvenes arqueólogos que en los años ochenta dieron un giro a esta ciencia en España, cambiando el paradigma de mera auxiliar de la historia, basada en excavaciones descriptivas, para hacer hablar a los descubrimientos por sí mismos, extrayendo interpretaciones sociológicas, demográficas y económicas, poniendo a la misma altura que las fuentes escritas a las fuentes arqueológicas y numismáticas.
Por razones profesionales -su padre era médico-, su familia se instaló en Caracas a mediados de los años cincuenta, ciudad en la que hizo sus estudios de primaria y secundaria. En los años setenta marchó a Zaragoza, ya en España, en donde se licenció en Filosofía y Letras, Sección de Geografía e Historia, División de Historia, leyendo su Memoria de Licenciatura en diciembre del año 1982. Cuatro años más tarde, se doctora en esta misma Universidad con una tesis sobre arqueología de al-Andalus, con el título Fortificaciones islámicas en la Marca Superior de al-Andalus: periodo omeya.
Testimonios de las fuentes escritas en lengua árabe, bajo la dirección de la profesora Dolors Bramon. Posteriormente, marcha al mundo árabe, en donde estudia en las Universidades de El Cairo, Túnez y Fez (Marruecos), a fin de completar sus conocimientos de lengua árabe.
Su actividad arqueológica se desarrolló en la dirección de una serie de excavaciones, entre las que destacamos las realizadas en el patio del palacio de Cetina (Zaragoza), en 1982, en el patio occidental de la Aljafería (Zaragoza), en 1983, en el patio San Martín de este mismo edificio, en 1985, en el Panteón Real de Aragón en la iglesia de San Pedro el Viejo (Huesca), también en 1985, en las obras de cimentación y recalce en La Seo del Salvador de Zaragoza, entre los años 1984-1986. Pero su principal proyecto de investigación, al que dedicó muchas horas de trabajo, entre los años 2003 y 2007 fue "Epigrafía y construcción en al-Andalus omeya – Los signos lapidarios de la Mezquita Aljama de Córdoba", financiado por la Fondation Max van Berchem de Ginebra, (Suiza).
Su actividad docente la repartió entre las Universidades de Zaragoza (1987-1988) y Complutense de Madrid, desde 1993, consiguiendo la titularidad de su plaza el 17 de agosto de 1999.
Pertenecía a diversas organizaciones científicas, entre ellas, la Unión Europea de Arabistas e Islamólogos (UEAI), de la que fue miembro de su Junta Directiva desde 1996 y Presidente de la misma desde el año 2002 a 2006; Miembro de la Society for the Medieval Mediterranean; miembro de la Sociedad Española de Estudios Árabes, de la fue vocal de la Junta Directiva del 2000 al 2003; miembro de la Asociación Española de Arqueología Medieval, de la que fue vocal de Relaciones Públicas de 1987 a 1999.
Asimismo, era miembro de los Consejos de Redacciones de varias revistas científicas, entre las que destacamos el Boletín de Arqueología Medieval, revista de la Asociación Española de Arqueología Medieval, de Anaquel de Estudios Árabes, revista del Departamento de Estudios Árabes e Islámicos de la Universidad Complutense de Madrid, de la que fue Secretario entre los años 1997-1999, del Editorial Board de Al-Masaq, revista del Departamento de Estudios Árabes y del Medio Oriente de la Universidad de Leeds (Inglaterra) y de la Sociedad del Mediterráneo Medieval y del Journal of Arabic and Islamic Studies, revista publicada por Edimburgh University Press.
JUAN MARTOS QUESADA”
miércoles, 8 de julio de 2026
BARCELONA 1964
Como he apuntado corría, entonces lentamente, 1964, y ahora hace la friolera de 62 años. Podemos imaginarnos con 62 años menos y nuestros familiares presentes, todavía con arrestos para irse a buscar trabajo fuera de tu tierra. Aquel viaje estuvo lleno de anécdotas, hay que reconocer que había una gran diferencia de nuestra Córdoba casi pueblerina y una gran ciudad como era Barcelona. Era la primera vez que visitábamos una gran ciudad. Cogimos a las once de la noche el “catalán” en la estación de Córdoba, que se había configurado con dos composiciones, el “sevillano” y el “malagueño”, para poner rumbo a Alcázar de San Juan, y después desde allí, buscar la ruta de Levante, para continuar a Cataluña. En Almansa estuvimos parados varias horas, por un incendio en un vagón que obligó a la reubicación del personal. Ese retraso acumulado llevó a que se aterrizó en Barcelona a la siguiente noche cerca de la una de la madrugada. Más de veinticuatro horas de viaje, hacía que los niveles de carbonilla estuvieran subidos en el paladar. Menos mal que el mar de naranjos en ese momento en flor, neutralizaban todos los problemas del olfato.
Valencia era una estación en la que composición entraba de cara y salía de culo, era una estación término. Pues mi padre, fiel a quemarnos la sangre siempre, se bajó en la estación a dar un paseo y arrancó el tren, como es lógico sin esperarlo. Mi madre me preguntó: -Y tu padre? -No lo he visto -le dije- Voy a ver si lo encuentro. Recorrí todo el tren y al llegar al último vagón, por el cristal de la puerta lo vi en la plataforma. Se había subido in extremis. Menos mal. Aunque según mi madre el problema, de haberse quedado en Valencia, lo tendría él, pues los dineros del viaje los llevaba ella en su bolso. Berlanguiano todo. Mi padre tranquilo, sin problemas. En la región valenciana los nombres de los pueblos eran la mayoría de reminiscencias árabes. Cuando cruzamos el Ebro por Amposta, me pareció el río más grande y caudaloso que había visto, ya estaba próximo a su delta, pero me impresionó.
Veintiséis o veintisiete horas de vieje tocaban a su fin, estación de Francia en Barcelona. Muchas maletas de madera con cantoneras metálicas, sujetas con guitas de esparto. Familias enteras que seguro iban a lo mismo. Recopilamos el equipaje, que incluía damajuana de vino de Cruz Conde, y nos subimos en un taxi en la parada. Después de darle el destino, el taxista le preguntó a mi padre: Qué, a buscar trabajo? -No, -le contestó mi padre- es que el niño está enfermo del pulmón, y lo traemos a un especialista. A ver si tenemos suerte
Él pretendía, crear algo de solidaridad entre pobres, y que nos diera las mínimas vueltas por la ciudad. Era un mundo de pícaros por ambos lados. El destino era San Baudilio de Llobregat, un poco más al sur desde donde estábamos. Todo el camino fue mi padre contándole al taxista las penas de “mi enfermedad”, y los beneficios que suponíamos nos iba a traer el viaje. Yo miraba a mi madre y ella me hacía gestos de que me callara y dejara hacer a mi padre. Arribamos de madrugada a San Baudilio de Llobregat y no se portó mal el taxista con el importe del viaje. Mis tíos Antonio e Inmaculada estaban esperándonos y preocupados por la tardanza. Nos acomodaron, a mí con mi primo Pepito y a mi hermana con mí prima Mari Estrella. Lo que daba el piso. A mí me llamaba mucho la atención mí tío Antonio, por lo señalado anteriormente, no lo había visto desde hacía diez años, yo tenía seis cuando fuimos a Pinos Puente una temporada, también a trabajar mi padre. Pretendían levantar la tahona del abuelo Antonio.
Una paradoja, mi tío Antonio y familia, vivían en una calle dedicada al militar fascista de Córdoba en la Guerra civil, el General Varela. Es curioso cuando menos, cada vez que le escribía mi padre tenía que poner el nombre de un fascista en la carta. Al día siguiente, cuando nos despertamos, mi padre y mi tío Antonio habían ido a una compañía de seguros un problema médico, en el centro de Barcelona. Yo decidí ir a buscarlos. Cogí el ferrocarril de vía estrecha, en la estación de San Baudilio, y me bajé en la Plaza de España. Allí transbordé al metro, me bajé en la parada más cercana y cuando salían de la compañía de seguros, me di de cara con ellos. Se extrañaron de verme allí solo, un chaval provinciano que era la primera vez que se movía por una gran ciudad. Había mapas en las calles desde luego. Nada de Google o cualquier otra aplicación, entonces. Y los teléfonos móviles eran ciencia ficción.
Otro día fuimos a ver a la familia de Serrano -un compañero de trabajo de mi padre que habían emigrado a Cataluña-. Vivian en San Andrés del Besos. Ferrocarriles Catalanes desde San Baudilio, a Plaza de España, metro hasta Urquinaona, y autobús hasta San Andrés del Besos. Aquello era como nuestro Barrio Naranjo o Zumbacón, por las mismas fechas, calles de casitas fabricadas como podían, de tierra, corriendo las aguas sucias por medio, en arroyos formados por las mismas aguas. Familias de andaluces y extremeños normalmente, adaptándose, desorientadas aún, malviviendo y levantando Cataluña. Les quedaba mucho para encontrar la normalidad. Nos recibieron a mi padre y a mí, con mucha alegría, era como recibir algo de Córdoba. Hicimos el viaje de vuelta, por el mismo recorrido.
Cuando volvimos mi familia, nos tenía preparado el viaje a la ciudad, al puerto de Barcelona, habían previsto un paseo en las Golondrinas del puerto (barcos de pasajeros hasta la bocana del puerto y volver) y ver algunos monumentos. El que mi madre se subiera a un barco, aún dentro de la tranquilidad de las aguas del puerto, era un grajo blanco, pero lo hizo. Hicimos el recorrido, que hoy está servido por pequeños y modernos catamaranes, y después estábamos a los pies de la estatua de Colón, una enorme columna de bronce de unos cincuenta y tantos metros, con un ascensor interior y arriba una plataforma acristalada que permitía un aforo de unas diez personas. La vista, cuando encontrabas un cristal en condiciones, era de 360º sobre el puerto y barrios adyacentes, la Montaña de Montjuic, y un elemento que destacaba, las torres del funicular del puerto, con las barquillas en movimiento. Creo recordar que tres personas y el ascensorista, era cuanto cogía en ese ascensor, subían tres y bajaban tres. La idea era mantener el personal adecuado arriba, porque no cogían más. Lo mismo que pasó en el barco tampoco comprendía que mi madre subiera a ese monumento. Voy demasiado corriendo con la narración que da para pararse en pequeñas anécdotas de todo, porque todo era nuevo.
Vuelta a San Baudilio porque al día siguiente era día de playa en Casteldefels. Esta ciudad costera hay que imaginarla con 62 ó 63 años menos. Recuerdo muchos campings en la carretera, la Ballena Alegre, era el nombre de uno de ellos. Una playa de arena fina y poco turismo aún. Allí se nos presentó a la hora de la vuelta, el “niño” del Jefe de Estación de San Baudilio -que le estaba tirando los tejos a mi prima Marí Estrella-, con el que volvió a San Boi en la Harley (moto) con mi prima de paquete. Nosotros en el bus que nos trajo a la playa. Gavá y Viladecans, la desembocadura del Llobregat, con el aeropuerto internacional del Prats entonces, a la derecha según íbamos para San Baudilio. Por la tarde, el niño del Jefe de Estación, como la copla de la Piquer, nos dio una sesión de pase de diapositivas, pues era aficionado a la fotografía. Tenía fotografías del metro de Paris que estaba prohibido hacerlas en él. En una de ellas a mi prima le pareció haber visto a una persona que parecía a su hermano Antoñito, asesinado y arrojado al tren para robarle, en Lyon, Francia hacia muy poco tiempo entonces. Tenía mi primo Antoñito 26 años. Aquello fue revivir el drama. En su momento, cuando le comunicaron a mi tío del consulado su fallecimiento, pidió permiso para ir a enterrar a su hijo, pero como tenía antecedentes de haber estado en la cárcel en la Guerra Civil se lo denegaron. Había sido un preso político. Ni eso permitía el régimen asesino.
Al día siguiente amanecí con fiebre y algo de dolor de garganta, fuimos al médico, y me diagnosticó el galeno, sinusitis, el viaje en tren y la ventanilla habían hecho de las suyas. Sinus Liade un preparado farmacéutico que dio un resultado óptimo. Ya recuperado algo fuimos a visitar a la tía María, hermana de mi padre, una mujer luchadora que había dejado la recogida de la aceituna en el pueblo, y de quitar mierdas, a una familia muy del régimen, con un apellido de alta tradición fascista. Mi tía emigró con su marido, el tío Manolo Alba, de apodo “Salmenúa” en el pueblo, zapatero de profesión, y sus cuatro hijos, 3 hijos e hija (actualmente sólo queda la prima María Carmen), fiel reflejo de su madre. Mis primos entonces vivían todos, entonces eran: Bartolomé (1945-2019), Antonio (1946-2003) y Manolo (1949-2021). En aquel entonces mi tío Manolo estaba accidentado. En la fábrica le había pasado una vagoneta por encima del pie -se le había olvidado quitarlo del recorrido de la rueda-.
Lo que trato de decir es que, hasta que se vieron en un piso, o cuando menos en una vivienda normal, en un sitio normal, pasaron años de penas, viviendo como vivían, cosa que a mí no me entraba en la cabeza. Esa fue la inmigración interior, la misma que la que ahora vemos del exterior, por eso cuando se utiliza un lenguaje que criminaliza a los emigrantes sólo hace falta saber cómo fueron nuestros emigrantes, dentro incluso de nuestro país, imaginemos eso mismo, pero en un país extranjero. Para llegar a esa infravivienda de mi tía María, que estaba adosada a la pared del cementerio de San Baudilio de Llobregat, y compartida con otras familias, había que pasar por un gran manicomio que se inauguró en 1854. Ahora se llama Parque Sanitario de San Juan de Dios. Todo era muy tétrico sin duda. Pero así vivía mi familia emigrante en Cataluña, y nada más que pensar que mi padre encontrara trabajo, y tener que compartir esa forma de vivir de momento era un drama. Amenazaba lluvia, pero teníamos previsto ir a Montjuic a ver la fuente monumental, a cada uno nos dieron un paraguas, pero como no llovió sobraron todos. Ferrocarriles Catalanes hasta la Plaza de España y andando a Montjuic a buscar de un sitio adecuado para ver el espectáculo. Muy hermoso, pero imposible que una persona llevase todos los paraguas.
Mi primo Bartolo que era dos años mayor que yo, me sirvió la siguiente mañana de cicerone. Ya había dado la nota en una visita a casa de mi tío Antonio, con personas de la fábrica de mi prima Mari Estrella, diciendo que se metía en los servicios a arreglar utensilios personales. La persona citada le recriminó hacer eso en horario de trabajo, y a alguno nos dió un poco de vergüenza ajena la conversación. Pero había que echarle un cable a Bartolo y cuando menos que se callara pronto para no empeorar. En el recorrido que hicimos por Barcelona dio muestras también de su imprudencia. Al comprar una revista extranjera, que el kiosquero le dijo que lo era y el respondió que sólo miraría las fotografías. Una inclinación de la cabeza por mi parte al kiosquero, fue la petición de comprensión para mi primo. Luego fuimos a una bodeguilla, donde sólo vendían gaseosas y vino a granel, y pidió un tipo de coctel que la persona que atendía el establecimiento ni siquiera conocía. Otra petición de disculpa por mi parte, cambiándome a una cerveza.
En San Baudilio abrían el cine dos días a la semana, viernes y sábados. La gente madrugaba mucho para el trabajo y no había clientela los días laborables. La película que proyectaban era mala y a mi se me ocurrió decir que era un “pego”, por lo que tuve que explicar la odisea de Monsieur Pegaux en Córdoba, al intentar volar un globo aerostático, que no subió a pesar de varios intentos y se quedó en un fracaso o fallo. Le pasó lo mismo que el Pegó, una nimiedad una tontería. Y de eso quedó la palabreja. Por parte de mi tío Antonio y mi tía Iluminada tenía tres primos, pues Antoñito había sido asesinado como he dicho en Francia. Este era el preferido de mi padre. Había sido legionario en su servicio militar y luego emigró a Francia a trabajar. Mi prima María Estrella también emigró después a Bélgica. Todavía conservo una postal que me envió del Atomiun de Bruselas. La mayor de los primos era Encarnita, que había nacido con un problema mental. Al final murió con más de ochenta años en una residencia. Los últimos años la atendía su hermano Pepito, que era el único que le quedaba.
Mari Estrella murió en 2017. Días antes me llamó por teléfono para despedirse de mí, pues sabía que de un día a otro iba a fallecer. Pudimos vernos en Alcanar el último verano, pero ella no quiso. Yo estaba en Peñíscola. Quedó anulada también, la visita que iba a hacer a Córdoba para vernos. Lo de Antoñito ya lo he comentado. Así que por esa rama de mi tío Antonio sólo queda Pepito. Por parte de mi tía María y Manolo Alba, sólo Mari Carmen. Que es igual que su madre de lista, pero trasladada al siglo XXI. No he mencionado a los hijos de mi tía Pilar y el tío Pepico Ruiz; Antonio, José y Pilar, porque estos emigraron a Barcelona algunos años después. Les fue muy bien profesionalmente.
En cierta ocasión conseguimos reunirnos una porción de esta familia extensa, en Pinos Puente (Granada) en casa de la prima Gracia, un verano, nosotros íbamos para Motril. Pero solo los de mi tía Gracia de Pinos Puente, los de mi tía Pilar, menos su hija, y ninguno de mi tía María. Si, por el contrario, estuvieron juntos los hermanos que quedaban vivos Mi padre Pepe, y sus hermanas Gracia, María y Pilar, faltando su hermana Encarna, hermano Antonio, hermana Carmela y Mercedes, ya fallecidos. Eran ocho hermanos (ya no vive ninguno) y tuvieron 21 hijos, de los que sobreviven 13. Esta reseña familiar no tiene nada que ver con el viaje a Barcelona. No sé si mi padre sopesó como había que vivir allí los primeros años. Afortunadamente no le interesaron las condiciones laborales del trabajo y volvimos a nuestra tierra.



















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